BIO
Salvador Banda (1996) creció en el Bajío, en un contexto marcado por contrastes que influyeron en su formación. Su experiencia se configuró entre la territorialidad y los vínculos afectivos en el ámbito post nacional. Esta condición atraviesa su práctica y orienta una reflexión sobre la pertenencia y las narrativas que nos constituyen. Su práctica se sitúa en el espacio urbano y su continua reconfiguración, así como en la noción de territorio y las identidades asociadas a este. Concibe el paisaje urbano como un palimpsesto que vela y devela capas de sentido a partir de elementos como el graffiti, el rótulo, la arquitectura y la publicidad.
Salvador observa la cotidianidad como un campo de negociación y resistencia, donde gestos mínimos y acciones aparentemente no normativas conforman un imaginario colectivo de micronarrativas frente a discursos hegemónicos. En un contexto donde el tiempo se mide desde la productividad y el control, su obra propone formas alternativas de comprender el espacio y la temporalidad más allá de modelos utilitarios y lineales.
Le interesa lo pictórico no solo como práctica material, sino como un lenguaje que estructura la percepción y permite leer el entorno como campo de significados en constante transformación. Su trabajo se articula desde una práctica expandida que dialoga con su historicidad y la ficción sin desvincularse del presente.
Actualmente radica en Ciudad de México donde cursa la maestría en Artes Visuales de la UNAM.
Mis últimos proyectos

al sol de hoy en Nixxxon
Hay pintura en la actualidad que parecería desear un mundo en pausa. En esta desintegración del stop, donde la luz se solidifica, la información se erosiona y las transparencias se vuelven grises, damos alcance a Salvador Banda: un mundo iluminado, pero opaco; lleno de signos y cambios de dirección, afirmativo en la presentación de un problema frontal de la pintura, una estructura 1:1 medida contra la puerta, el muro de la calle, la ventana, el POV.
Esta vista afilada por contrastes súbitos de textura y bordes duros entre un encuadre y otro activa una estructura narrativa codificada por el deseo de tratar al instante presente como un pasado perdido. El hilo de navegación, definido por los límites de su propio marco, distribuye estos vuelcos del corazón entre el trago cotidiano de caminar por las calles y la precisa caligrafía de la aguja o la punta del aerosol.
Pinturas perforadas, raspadas, transparentes: capas como pequeños recortes, el todo como un pequeño portal. El color se alimenta de la acumulación de una luz seca, del blanco opaco de una resolana imaginaria sobre un concreto imaginario, vínculo directo entre la vida callejera y las prácticas actuales de la pintura: una sofisticada arquitectura vaporosa y la ligera maldición de nuestra propia colección de asombros.

Tú cuidas de mí y yo de que tú no pierdas el bosque
Tú cuidas de mí y yo de que tú no pierdas el bosque nos invita a explorar la compleja relación entre la familiaridad y la extrañeza, desafiando nuestras percepciones convencionales de los entornos cotidianos. Estas representaciones y presentaciones visuales nos llevan a cuestionar nuestra percepción del tiempo, el espacio y la memoria, introspectivamente a través de los márgenes de la experiencia humana y nuestras historias.